martes, 14 de julio de 2026

 








REGRESO A BURGOS (adelanto)


Hacía unos cinco años que no venía a Lerma, en Burgos. Cuando vine por primera vez aún estaba la estación. Hace poco la derribaron. Y lo mismo me pasa con la estación de Fontioso-Cileruelo de Abajo. Solo las fotografíe una vez, en mi primer viaje por esta zona, pero ya no será posible hacerles más foto: son historia, historia que se perderá cuando se pierda la memoria de los últimos pasajeros que las usaron y las conocieron: que son ya viejos, si es que aún viven... 


Si claro, quedarán los archivos, los libros, las páginas web, los artículos en los periódicos y las revistas: pero personas que las "vivieron", personas que las conocieron cuando estaban nuevas, o bien cuidadas, cuando no eran ruinas, o cuando no eran escombros (o ni eso: solo restos de baldosas en el suelo), esas personas ya no estarán aquí, y cuando se vayan ellos los pueblos se quedarán vacíos, o en todo caso serán pueblos "de verano", pueblos donde pasar las vacaciones, pero que el resto del año serán pueblos "fantasma", pueblos donde nunca hay una luz en ninguna casa.


La única estación que todavía queda en pie en todo el tramo que va desde Burgos hasta Aranda de Duero es la estación que Oquillas. Y si no la han derribado es que está tan lejos de todo, y el camino para llegar hasta ella es tan malo, que han preferido dejarla para cuando acaben con todas las demás: la última, hace poco, la de Maderuelo ( y me fastidió mucho, porque no la tenía fotografiada, llegué tarde...). Así que no pierdo el tiempo: si ahora no voy a Oquillas tal vez ya no pueda ir nunca, porque aún está ahí, al fondo del valle, al final de un camino estrecho y con baches (pero por suerte aún se puede pasar con el coche, y tengo que agradecer a un vecino sus indicaciones, que me han venido de maravilla...), y aunque hace ya calor y luego hará mucho más, me animo a conducir lentamente hasta allí, lentamente porque ese camino no permite ir de otra manera, y cuando llego me pongo a hacer fotos, sin perder ni un minuto pero mirando de reojo en todo momento la vía, una vía por la que todavía pasa un tren: un mercancías, un tren que no se sabe cuándo va a pasar porque solo pasa una vez al día (y no todos los días) y que solo transporta una cosa: bobinas de hierro, desde Aranda de Duero hasta Burgos.  Si preguntas a la gente de Lerma, por ejemplo, te dirán que la vía está abandonada, "que ya no pasa el tren" (como me dijeron a mí), pero no te fíes: hay un tren que pasa, solo uno, pero pasa, y no se sabe cuándo va a aparecer...


Naturalmente no puedo dejar de pasar por lo que queda de la antigua estación de Lerma, que es poco, porque de la estación no queda nada, pero los dos grandes silos que estaban junto a ella siguen ahí, sin uso, con visibles marcas de abandono, pero todavía muy esbeltos, con su orgullo recio, con su estupenda colocación en medio de la ladera, para que se vean bien desde lejos...


Todavía me quedan cosas pendientes. Tengo que volver a la estación de Berlanga de Duero (otro gran tren desaparecido), para llegar otra vez hasta el puente del río. y también tengo otras estaciones que quiero volver a visitar: las que hay más arriba, entre Burgos y Soria (como la de Salas de los infantes). Tengo que ir pronto, de buena mañana, porque luego el calor te quita las ganas de andar ni diez metros. Uno viaja cuando puede no cuando quiere. Lo que no me dé tiempo a hacer en este viaje lo tendré que dejar para el siguiente. Lo que espero es que mientras no me derriben más estaciones...

































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